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La trampa del consumo y las deudas


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RON BLUE


Una de las tareas más arduas que enfrenta el joven profesional, cuando entra al mundo laboral, es desarrollar una disciplina para no dejarse atrapar por la maquinaria del consumo descontrolado, y terminar gastando más de lo que gana, o peor aún, no ahorrar.

Si elegimos vivir bajo las reglas del sistema económico establecido dentro de la sociedad, hay sólo una alternativa: ganar intereses o pagar intereses. Las deudas son lo opuesto al ahorro, con la diferencia que el ahorro es voluntario. En el caso de las deudas, hay que pagar obligatoriamente, ¡aunque no podamos!

Cuando se tiene un monto ahorrado, éste se servirá del sistema para ganar intereses y crecer.

El sistema financiero y comercial de la sociedad donde desempeñamos nuestro trabajo está diseñado para facilitar el endeudamiento a través del consumo. Será muy frecuente encontrar todo tipo de ofertas de tarjetas de crédito entregadas sin costo a domicilio, sin cargo anual, y absolutamente gratis. Las tarjetas de crédito son el "genio en la botella" que nos hace entrar mágicamente en el mundo del "hágalo realidad", permitiéndonos comprar todo aquello que no podemos tener.

También será usual encontrarse cotidianamente con propaganda machacándonos los oídos, tratando de convencernos de que todos los problemas se pueden solucionar acudiendo a la financiera de turno, a retirar dinero en tan sólo 24 horas. En los spots de los avisos en televisión se muestran imágenes de gente feliz recibiendo dinero como si se lo regalaran. Obviamente, la publicidad en este caso es más en beneficio del que avisa, que del usuario. Además, las tasas de interés que cobran las financieras o las casas comerciales son muy superiores a las del sistema bancario.

Una vez que el individuo está "ingresado", debe comenzar a pagar intereses al sistema, en vez de hacer trabajar al sistema para sí mismo.

Por otra parte, las ofertas que uno encuentra en la mayoría de las campañas publicitarias no son para que usted ahorre, sino para hacerle más eficiente el consumo. Rara vez ese dinero logrará separarse para ser depositado en una cuenta de ahorro.

Me atrevería a decir que cualquiera que sea el nivel de ingreso, la mayoría de las personas gasta más de lo que gana, tiene poco o ningún dinero ahorrado, tiene deudas a plazos, y carece de un plan económico de largo plazo.

La mala costumbre de gastar más de lo que se gana para vivir, es independiente del nivel de ingresos.

Cualquiera que sea la cantidad de dinero que se gane, siempre se gasta todo, y aun más. Los gastos "necesarios" siempre crecen, a menos que protestemos. Nunca es suficiente... porque si se gana más, ¡se gasta más!

Se podría afirmar que nuestra generación no ha desarrollado el hábito de ahorrar para planificar la compra de un bien, dado que lo puede conseguir en forma inmediata a crédito. "Gaste ahora, y pague mañana". Pero rápidamente el crédito disponible puede convertirse en un problema cuando no se tienen predeterminados los límites de los gastos. No se trata de no incurrir en deudas, pero debe tenerse presente que el endeudamiento indiscriminado puede producir grandes dolores de cabeza.

No se trata de pagar todo al contado, sólo se hace la advertencia de que el uso indebido de las deudas nos imposibilitará hacer un buen manejo de nuestro dinero.

Uno habrá experimentado que, independientemente del nivel de ingresos, a medida que fueron pasando los años, las cuentas fueron creciendo hasta parecernos abrumadoras. Finalmente, la meta de todos los meses se transformó en lograr pagar las cuentas. Pero siempre mantuvimos la noble intención de que si al final del mes sobraba algún dinero, éste se destinaría a ahorro. Pero infaliblemente, cada mes terminaba, si no "ras ras", con un saldo en contra.

Con ese estado de deudas es muy difícil pensar en los sueños que realmente nos interesa realizar, y nos diremos que cuando se terminen las deudas, entonces sí que los realizaremos. Cada mes dedicamos la mayor cantidad de dinero y energía a pagar cuentas. Incluso se llega a conseguir trabajar horas extras sólo para reducir o eliminar las deudas. En el esfuerzo por dominar el monstruo de las deudas, perdemos la calidad de nuestra vida, y la reducimos tan sólo a dos hechos: trabajar y pagar cuentas.

Esta es la trampa en que la mayoría caemos; dejamos nuestra vida en suspenso mientras esperamos, y confiamos en que nuestras finanzas mejoren. Mientras tanto, las cuentas siguen creciendo, aumenta la ansiedad y se siente que la vida está en vilo.

Si la persona quiere mantenerse dentro del sistema establecido, no tiene alternativa, ya que es muy importante el comportarse como una persona responsable y cumplidora, para reforzar su autoimagen. Pero, por otro lado, el sistema no le dará tregua, conminándolo a mantener al día los pagos de los compromisos adquiridos, o de otra manera será expulsado fuera del sistema como persona "non grata". Esto hace que uno esté programado inconscientemente a pagar en primer lugar las deudas, al momento de recibir el sueldo, a fin de mes.

Cuesta mucho llegar a entender que, mientras estemos vivos, es natural que haya cuentas que pagar, y que los sueños deben ser incorporados al presente y no ser postergados indefinidamente, ya que la vida que tenemos hoy es lo único que poseemos.

Finalmente entendí que las cuentas deben ocupar la dimensión apropiada en la vida, así como una de las muchas responsabilidades que debemos asumir, pero ciertamente no una responsabilidad única, abrumadora y avasalladora.

La solución de más corto plazo no es conseguir más dinero, sino aprender a manejar el dinero de que disponemos hoy. Los problemas económicos se deben resolver no tan sólo con más dinero, sino también con imaginación.


Tomando el control de sus deudas

El primer sentimiento que se nos produce es que odiamos las cuentas, y, si pudiéramos, lo primero que haríamos si tuviéramos dinero extra, sería saldarlas cuanto antes. De ahí en adelante, nos diríamos, vamos a comprar todo al contado, y nunca más volveríamos a endeudarnos. Pero la vida en el mundo real no es así. ¿Cuantas veces no hemos rebajado el saldo de deudas en las tarjetas de crédito para, al corto tiempo, estar nuevamente en lo mismo?

Lo más sensato que he encontrado, después de pasar largos años pagando cuentas, es la proposición de la autora Carol Keeffe, quien nos propone tomar el control de las deudas mirando hacia adelante. El sistema propuesto se basa en abonar el mínimo requerido, aunque suene extraño.

La mayoría de las personas dedica desesperadamente todo su esfuerzo a saldar cuanto antes todas las deudas a crédito. El problema es que pueden transcurrir años, y no podremos garantizar haberlas saldado todas. Lo más grave es que durante este período incierto de tiempo estaremos sacrificando la calidad y el goce de la vida diaria.

Lo más difícil de aceptar de este sistema es la contradicción que conlleva en sí mismo, ya que para toda persona que sabe de cálculos financieros dirá que mientras más pronto se salde la deuda, más rentable es la operación.

El problema es que no se puede garantizar que esa diferencia de dinero será efectivamente ahorrada, sino que nuevamente se trasladará a mayor gasto. El punto crucial es que, mientras tanto, con el afán de salir eficientemente de dichas deudas en el menor plazo posible, se comienza a postergar la calidad de vida.

Si uno optara por abonar el mínimo al pago de las deudas, la pregunta inevitable es: ¿...y qué pasa con los intereses que estamos pagando durante tan largo plazo?

Después de muchos años de gastar casi todo el sueldo tratando de saldar las deudas, para ahorrarnos los elevados pagos de intereses, probablemente no habremos logrado ahorrar absolutamente nada. Tampoco esta vez la teoría predicada por los expertos financieros funciona en la vida real, porque si no somos capaces de materializar realmente esa capacidad de pago disponible en ahorro, ¡mal podemos esperar tenerlo! Al margen de los intereses pagados, lo que importa es lo que sí funciona.

El sistema propuesto resulta porque toma en cuenta la naturaleza humana y sus debilidades y por otra parte libera un excedente para ser destinado a ahorro y permite preservar la calidad de vida dentro de los límites que nos haga sentir recompensados luego del esfuerzo desplegado.

Abonar el mínimo a las tarjetas de crédito o a las deudas, es encarar de frente el problema emocional. Estamos actuando y no reaccionando, en el supuesto que hayamos detenido el uso de las tarjetas, para ir extinguiendo en el tiempo la deuda.

Cuando hacemos un abono a la tarjeta de crédito, estamos tomando dinero de hoy y destinándolo a pagar cosas que compramos en algún momento en el pasado. Y peor aún, utilizando las tarjetas de crédito, permanecemos en la urgencia de pagarlas en primer lugar, y empezar a vivir después. Cada vez que utilicemos las tarjetas de crédito, estaremos postergando nuestra decisión de vivir y ser libres.

Obviamente, la única manera de que el sistema de abonar el mínimo funcione, es dejando de utilizar las tarjetas de crédito. Abandonar su uso es más fácil de decir que de hacer. Sobre todo si uno está acostumbrado a gastar más de lo que gana, entonces le va a tomar más tiempo y cierta cantidad de energía cambiar la tendencia.

Para conseguir algo diferente, tiene que empezar a hacer algo diferente. No lograremos la libertad mientras el monstruo de las deudas controle nuestras vidas.

El plan de acción debería ser reestructurar los pasivos con una buena entidad crediticia, que le cobre una tasa de interés razonable, a un plazo suficientemente largo de modo que su actual situación de pago de deudas mensuales se vea reducido, y el excedente pueda ser destinado a ahorro.

El individuo que ha logrado formar un capital, tiene grandes posibilidades, porque se le abre un horizonte de opciones que puede evaluar. La ausencia de deudas nunca podrá compararse con la posibilidad de tener opciones para evaluar, si se tiene dinero ahorrado. Cuando se dispone de un capital ahorrado se tiene la libertad de elegir accediendo a las opciones que automáticamente acompañan al hecho de tener dinero disponible.

Tener las cuentas pagadas no equivale a la "felicidad". Tener control sobre el dinero y tener un plan que haga realidad los sueños y cumpla metas, sí equivale a la "felicidad". El éxito en el manejo del dinero reside en descubrir qué es lo que se desea en forma objetiva, y tratar de conseguirlo. Este es el secreto que gatilla la motivación por el ahorro. Cuando el ahorro no tiene un objetivo tangible, se vuelve aburrido y se pierde el entusiasmo para llevarlo a cabo. Cuando estamos haciendo planes o haciendo algo que realmente deseamos, nos sentimos revitalizados, productivos y motivados. La estrategia es lanzarse a la acción para rescatar la libertad y empezar a planificar desde hoy sus sueños, junto con pagar las deudas.

Fuente: JOSÉ A. MELI - EL SORPRENDENTE MUNDO DE LA BOLSA: ACERCA DEL DINERO, LOS TOROS Y LOS OSOS

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